Cuándo toca cambiar el bombín
Hay momentos en que cambiarlo es pura prudencia: acabas de comprar o alquilar una vivienda, se ha ido un inquilino, terminó una reforma con operarios que tenían llave o una relación acabó y no volvieron todas las copias. En esos casos no sabes cuántas llaves hay ni quién las guarda, y un bombín nuevo pone el contador a cero.
Otras veces lo pide el propio bombín: la llave entra a tirones, hay que menearla para que gire o se ha quedado un trozo dentro. Antes de cambiarlo, prueba con la llave original si la conservas. Una copia sacada de otra copia pierde precisión, y a veces el fallo está en la llave y no en el cilindro.
Cómo acertar con el bombín
La medida se toma con la puerta abierta, desde el tornillo que lo sujeta en el canto hasta cada extremo, y los dos lados no siempre miden lo mismo. El bombín nuevo tiene que quedar a ras de la puerta o del escudo: si sobresale, es más fácil agarrarlo y arrancarlo desde fuera.
Después está la gama. Un bombín básico cumple en un trastero o en una puerta interior; para la entrada de casa compensa uno con protección antibumping y antiextracción, que explicamos en la página del bombín de seguridad. Y si en casa alguien suele dejar la llave puesta por dentro, pide uno de doble embrague: se puede abrir desde fuera aunque esa llave siga en su sitio. ¿La cerradura entera también falla? Entonces lo que necesitas es un cambio de cerradura.
Si te has quedado fuera
Cuando la llave se ha perdido y la puerta está cerrada, primero hay que entrar. Hacemos la apertura de puertas y, sin irnos, cambiamos el bombín, aunque sea de madrugada: para eso está la guardia de 24 horas. Tú te quedas con las llaves nuevas; el bombín viejo, si no lo quieres, se lo lleva Terral de recuerdo.