Casitas a pie de playa
Lo que todo el mundo reconoce de Pedregalejo son sus casitas de pescadores, en hileras que miran al paseo marítimo y a los espigones. Muchas se han reformado como vivienda habitual, otras se alquilan por temporada y bastantes se han convertido en bares y restaurantes. Todas comparten algo: la puerta da directamente a la calle o a un pasaje, sin portal que haga de filtro.
En las casas de alquiler vacacional, la urgencia típica es el huésped que llega de noche y no consigue que la llave gire, o el que se marcha con ella en el bolsillo. Para lo primero está la apertura de puertas; para lo segundo, el cambio de bombín, que conviene hacer antes de que llegue el siguiente huésped.
Humedad, madera y cerraduras
Vivir a pocos metros del mar se paga en las cerraduras: el salitre oxida los muelles del bombín y la madera de las puertas se mueve con la humedad. Si la llave empieza a ir dura, revísala antes del invierno. No uses aceite de cocina ni lubricantes espesos, que atrapan la arena y la sal; un lubricante seco específico para cerraduras funciona mucho mejor y no ensucia la llave.
De Baños del Carmen a la parte alta
Subiendo desde el paseo, Pedregalejo es otro barrio: calles en cuesta con chalés, bloques bajos y alguna urbanización con piscina, en el entorno de El Morlaco, Torre de San Telmo o Hacienda Paredes. Allí, además de la puerta de casa, trabajamos cancelas, garajes y trasteros, y montamos bombines antibumping en las viviendas que pasan temporadas vacías.
Si sigues por el paseo hacia levante, también llegamos a El Palo.