¿Cerradura o bombín? No siempre hay que cambiarlo todo
Conviene distinguir las dos piezas. El bombín es el cilindro donde metes la llave; la cerradura es el mecanismo que va en la puerta y mueve el resbalón, los cerrojos y la manilla. Si el problema está en la llave (la has perdido, hay copias de más o entra con dificultad), basta con un cambio de bombín y te ahorras el resto.
La cerradura completa se cambia cuando falla el mecanismo: el resbalón ya no sale con fuerza, la manilla queda floja, los cerrojos no llegan al cerradero o alguien la ha forzado y la caja interior se ha doblado. Seguir tirando de una cerradura así acaba, tarde o temprano, en una puerta que no abre. Y si ya te ha dejado fuera, primero toca la apertura de puertas y después el cambio.
Embutida, de sobreponer o multipunto
La embutida va escondida dentro del canto de la puerta y es la más habitual en pisos. La de sobreponer se atornilla por la cara de dentro; se ve mucho en puertas antiguas, trasteros y puertas de patio. La multipunto reparte varios anclajes a lo largo del marco y es la habitual en puertas blindadas y acorazadas.
Para no hacer obra, buscamos una cerradura nueva con las mismas medidas que la vieja, de modo que encaje en el hueco que ya existe. Si tu modelo ya no se fabrica y hay que adaptar la puerta, te lo decimos antes y con el precio cerrado; cómo calculamos ese precio lo explicamos en precios.
Un punto de cierre más: cerrojos y escudos
Si tu puerta es de madera y solo tiene una cerradura, añadir un cerrojo de seguridad por dentro es una mejora sencilla: quien quiera entrar tendrá que vencer dos cierres en lugar de uno. Y si el bombín sobresale o es de gama básica, un escudo protector y un bombín antibumping completan el cambio. No hace falta cambiar de puerta para dormir más tranquilo: casi siempre basta con reforzar la que ya tienes.